RELATO
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BAJO EL SOL DEL NORESTE BRASILEÑO - Cinco días en buggy entre dunas y playas    
Relato de una expedición turística a través de playas, dunas y manglares.

Estamos sobre la playa de Jericoacoara, a 250 kilómetros de Fortaleza, en el Estado de Ceará. Nuestro compañero de viaje, Dárcio expresa su decepción. Porque después de cinco días de un maravilloso paseo en buggy (los brasileños dicen bugue), por la costa del Noreste, decidimos utilizar un jeep para seguir nuestro viaje hacia el norte, hasta el famoso Lençois Maranhenses (paisajes de dunas de alrededor 50 metros de altura). "Después de haber hecho todo este camino," nos dice, ¡podrían Uds. llegar hasta el final en buggy por la playa! ¡Sería mucho
mejor !" El viaje había comenzado cinco días antes," en Natal. Hace algunos años, no se llegaba más que hasta Genipabu [ en la periferia de Natal ], con su laguna y sus impresionantes dunas en perpetuo movimiento. Pero un grupo de buggeiros propuso una extensión hasta Fortaleza. Hoy, esta ciudad ya no es más que una etapa: la mayoría de los aficionados parten a la aventura mucho más lejos hacia el norte, hasta el Lençois Maranhenses, cruzando por inmensas playas desiertas, entre cocoteros y manglares, bajo el sol resplandeciente del Noreste. Nuestro viaje comenzó, no lejos de Natal, por la travesía del río Potengi a bordo de una jancada [ la embarcación tradicional de los pescadores de la región ]. Después de haber bajado con nuestros efectos personales en la otra orilla, cruzamos el antiguo pueblo de pescadores de Redinha e ingresamos en el parque turístico de las dunas, auténticas montañas rusas de arena. Los aficionados al buggy estaban muy excitados a la idea de las fuertes sensaciones que sin duda iban a encontrar allí. Tras muchas subidas y bajadas, encaramados en el vehículo, llegamos a la laguna de Genipabu, un lugar tan conocido, que fue elegido como decorado para el rodaje de una serial de éxito. Nos cruzamos con toda clase de vendedores ambulantes que ofrecen de todo - comenzando por gafas de sol -, charlatanes que le proponen paseos en asno o dromedario, arrendadores de skibunda (tableros en madera sobre los cuales uno se desliza por los declives de las dunas hasta el mar).

Playa Noreste Brasileño
Turismo Noreste brasileño
Noreste brasileño: Canoa

Es después de Genipabu, en dirección al norte, con las ensenadas desiertas de la costa norte del Río Grande do Norte y los morros [ colinas ] de la costa del Ceará, que el viaje comienza realmente. La naturaleza es exuberante y tropical. Dejamos atrás los manglares donde abundan los cangrejos, y en seguida descubrimos la región de Pitangui, los cocoteros de Muriú y los maceiós, agua dulce que surge y se va serpenteando por la arena hacia el mar. Estamos deslumbrados por el mar color turquesa y por los extensos arenales salpicados aquí y allí por pequeñas chozas de paja delante de las cuales pescadores, perdidos en la inmensidad, echan sus redes. A partir del faro del Cabo São Roque y de las pequeñas ensenadas bordeadas de cocoteros, no se presenta un Brasil más parecido al África, aquí todo es sólo tranquilidad, paz y sol, hasta nuestra parada de la noche, en São Miguel do Gostoso. Segundo día de viaje. La Bahía de Gostoso se despierta, como se había dormido ayer por la noche, en una paz inmutable. Un sol resplandeciente ilumina los cascos de las jancadas volteados hacia la luz. Los cocoteros se balancean en la brisa. La playa es una extensión de arena desierta y recta, bordeada de pequeñas a lo largo de varios kilómetros. Repentinamente, a la vuelta de un acantilado, quedamos deslumbrados: vemos la bahía de la playa de Tourinhos, luego una sucesión de ensenadas matizadas por la sombra de las nubes, pobladas por pequeños grupos de pescadores de tez bronceada, o niños a caballo. Las chozas en las dunas sirven de refugios a los pescadores. Algunas playas tienen erizadas rocas, como el Buraco da Baleia, que respira como una ballena cada vez que penetra la marea. Caiçara, Playa de Galos. Uno sueña con huir de la civilización, vivir en una choza perdida en la inmensidad de arena, pescar y dormir en una hamaca. "hay gente que llegó de Natal y que se quedó una semana a pescar y dormir en esta choza", nos dicen. El mar es generoso. "Aquí, uno no se muere de hambre más que si uno se niega a pescar." Para bordear una región de manglares, de lagunas y de salares, debemos proseguir nuestro camino entre los montículos de sal y los camiones completamente oxidados. Algunos ni siquiera tienen cabina. Siguen 70 a 80 kilómetros de carretera alquitranada que permiten cruzar por una zona de explotación petrolera, con sus pequeñas bombas de contrapeso que recuerdan los paisajes de Texas u Oklahoma. Pero he aquí que estamos de nuevo en la playa. Hemos debido hacer en total un rodeo de 140 kilómetros por el interior. La playa de Porto do Mangue es plana y gris, y por primera vez vemos morros de color rosado como los de Canoa Quebrada, en Ceará. Se diría un desierto gris donde pequeñas conchas blancas brillan en medio de las alas negras de las nubes de buitres. La playa de Ponta do Mel es un oasis de cocoteros donde comemos camarones al ajillo al son de Jovem Guarda, la famosa canción de Roberto Carlos. Comienza a llover y nuestro "buggista" debe poner las capotas que nos protegerán. Gotas suaves caen sobre los morros y los mojan. En la playa de Baixa Grande, el buggista vacila si cruzar un río. "Hoy, no hay mucha agua. La última vez que pasé por aquí, era más difícil." Continuamos. En el pueblo de Areia Branca, todos los hoteles están llenos, y vamos a pasar la noche en Mossoró, la segunda ciudad de Río Grande do Norte. Llegamos al Hotel das Termas, un pequeño paraíso con sus piscinas de agua natural de distintas temperaturas. La última, a 50 °C, se reserva para los más temerarios. Tercer día. El acordeón del grupo de forró [ música del Noreste ] Mastruz com Leite, nos acompaña en el desierto de arena que nos lleva a través de Ceará. En la playa de Tibau, en la frontera entre los dos Estados, los privilegiados de Mossoró se pavonean, unos a la sombra de las cabañas en la playa, otros en sus residencias secundarias. Dejamos el coche en la playa; se escucha música - forró obviamente - mientras que los niños se divierten en las piscinas formadas en la arena por la marea. Las rocas, en medio de la playa, nos abren las puertas de Ceará.

Noreste brasileño: desierto
Noreste brasileño: Canoas
Noreste brasileño: Paseo

La costa de este Estado no es una consecuencia de ensenadas, como en el Río Grande do Norte; está formada por grandes extensiones de arena dominadas por colinas de color café, blancas, amarillas o rojas que ofrecen a la mirada un fuego artificial colorido. Las colinas descienden casi hasta el mar, dejando así poco lugar a los palmares. A partir de ahora, todo son formas y colores. En la playa de Retiro Grande, los morros son tricolores: amarillo oscuro en la parte superior, blanco al medio y marrón en la base. Las playas se suceden: Som das Aguas, Fontainha, Majorlândia, Canoa Quebrada. Y por todas partes emergen esculturas naturales que se yerguen como dedos o manos que salen de las vastas extensiones de arena. Nos detenemos en el hotel das Fontes, lugar preferido del cantante Raimundo Fagner. Se comprende por qué. Ignoramos el parque acuático para ir a sentarnos en el pasto, en lo alto de la colina, para tomar una cerveza contemplando el mar del Noreste. Cuarto día. Después de Canoa Quebrada, las colinas desaparecen y las dunas se hacen más raras. Las playas hacen de campo de fútbol, las familias se bañan en las fuentes de agua dulce. En Morro Branco, la marea alta nos obliga a bordear el litoral por el pico rocoso durante 2 kilómetros. El buggy se inclina de un lado a otro, al borde del precipicio. Cruzamos Fortaleza y sus embotellamientos con la sola idea de salir cuanto antes de allí, y de volver a las playas. Cumbuco, un poco demasiado turístico y ya con demasiado hormigón, se encuentra a 40 kilómetros al norte de Fortaleza. En las lagunas de Parnamirim y de Banana, las posibilidades de paseos no faltan. Se nos propone salir en jangada, en esquí náutico, en mula o en buggy. Huimos hacia Pecém y Taíba, grandes playas más pacíficas. En Pecém, debemos cruzar el río Suipé, entre las dunas y las ciénagas. Taíba, un pueblo construido en torno a una única calle, tiene abundantes cocoteros y ricas residencias. Más lejos, cerca de la ciudad animada de Paracuru, cruzamos por varias playas: Pericoara, Barra, Carnaubinha, Pedra do Melo. Pero hemos reservado habitaciones en una de las más bonitas playas, en Lagoinha. Bajo un sol del atardecer, unos jóvenes juegan al fútbol con un fondo de dunas y cocoteros, donde la playa forma una media luna antes de terminar en arrecifes. Allí, la paz es absoluta. Volvemos al hotel, y en un abrir y cerrar de ojos nos encontramos en la playa, en uno de los más bonitos paisajes nunca vistos. El último día, el de la llegada a Jericoacoara, nos reserva también sorpresas inolvidables: Fleixeiras, un pueblo de pescadores paradisíaco, prácticamente desierto, con cocoteros, lagunas, arrecifes, piscinas naturales llenas de pequeños peces; Mundaú, donde el río del mismo nombre desemboca en el océano, dibujando uno 8 en la arena; Praia da Baleia, refugio del célebre Júlio, el propietario portugués del bar Pirata. Después de Itatipoca, una ciudad encerrada entre el sertão y la costa, uno ya sueña con llegar a Jericoacoara, "una de las diez playas más bellas del mundo". Para llegar a ella, es necesario cruzar 10 kilómetros de dunas. Rodeada de un paisaje irreal de dunas y cocoteros, "Jeri" no es ya ese pueblo de pescadores paradisíaco de hace quince años, pero sigue siendo una etapa inevitable. Es necesario descubrirla antes de las cinco de la tarde, cuando todos los bañistas suben a la gran duna para contemplar la puesta del sol.

Carnaval
De todos los carnavales, el de Río (cuya edición 2004 tendrá lugar del 21 al 25 de febrero) es sin duda el más conocido seguramente. Pero otros carnavales brasileños se revelan aún más locos: los de Salvador, Recife, Olinda (cerca de Recife)... A pesar de un nombre poco evocador, el de "Micareta", en la Feira de Santana, en el Estado de Bahia, es un verdadero carnaval que tiene lugar... dos meses después del de Río. Y no es el único que se celebra "fuera de temporada". Así pues, el "Carnatal", que tiene lugar en Natal la primera semana de diciembre, atrae a millares de Brasileños. Y, como dicen algunas personas, es mejor aún que el carnaval tradicional. El "Fortal", en Fortaleza, famoso por lo alegre, tiene lugar la última semana de julio, exactamente después de la Regata de Jangadas, una competencia de barcos tradicionales que se disputa entre la playa de Mereiles y la de Mucuripe.

RESTAURANTES : los restaurantes que uno encontrará en las playas ofrecen fantásticos platos de pescados y mariscos, como el peixe ao molho verde, ¡no se lo pierda! Algunas de las mejores direcciones: en Natal, el restaurante Chaplin, 27, Playa de los Artistas; en Fortaleza, el restaurante Estoril, 397, Playa de Iracema; en Jericoacoara, el Isabel, al extremo de la Rua do Forró (con mucho el mejor restaurante) o el Mama Egua, en la Rua Principal, que sirve también frutas de mar de una excelente calidad/precio. El Alexandra Bar, siempre en Jericoacoara, es el más bonito lugar a la orilla de la playa para tomar una copa, admirar la puesta de sol o saborear mariscos.

PARA OBSERVAR : la magnífica naturaleza tropical con sus palmeras medio enterradas en las dunas frente a las jangadas varadas en las extensas playas de arena gris, amarillo, rosa. Esta costa es sin duda alguna, una de las más bellas del Brasil: acantilados de arena colorida, dunas ondulantes, salares, arrecifes, lagunas de agua dulce, colinas color café, rojas... Sólo hay que abrir los ojos y dejar pasar el tiempo...

PARA VISITAR : si ya tuvieron bastante de playa, la Serra de Baturité, una pequeña cadena de montañas al sudoeste de Fortaleza, representa un verdadero oasis de verdor y el depósito de agua natural que interrumpe el rudo paisaje del sertão en el interior del Estado de Ceará. La visita a las plantaciones de bananas y café, instaladas en torno a acantilados y picos diseminados, todo ello en un clima templado, asegura un cambio total.

 
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